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martes, enero 26, 2021

Los ángeles de la muerte

 Los ángeles de la muerte

Los «ángeles de la muerte» son un tipo de asesinos en serie que pertenecen al sector sanitario y que se dedican a matar a los pacientes, con la excusa, que ya veremos que solo es una excusa, de aliviar sus sufrimientos.

Ya me imagino que se les viene a la cabeza muchas semejanzas con la nueva ley de la eutanasia, habrá muchos que se vean convertidos en ángeles de la muerte. Pero no solo hay semejanza con la eutanasia, sino con el resto de leyes antivida y con la gestión de la pandemia. A todo el que piense que el Estado solo busca nuestro bien y que la verdad oficial es la verdad absoluta y el resto son conspiraciones, le recomiendo vivamente la lectura entre otras del informe Kissinger y de la encíclica Evangelium Vitae.

Cuanto más profundizamos en el comportamiento de este tipo de criminales más semejanzas encuentro con la situación actual, dejo a la reflexión del lector si estas características le resultan familiares:

  • La supuesta razón que les mueve según ellos es acortar una vida de sufrimiento. Es evidente que no tienen el menor deseo de hacer un bien a nadie, ni aliviar ningún sufrimiento, sino que buscan una satisfacción personal de sus propios traumas personales, por eso empiezan por personas más enfermas y acaban asesinando a personas, niños y bebés incluidos, perfectamente saludables. Hay que buscar una justificación, y la justificación es siempre la misma «es por tu bien».

  • La razón común a todos los asesinos, y por supuesto el mismo que inspira estas leyes antivida es siempre la misma: el placer de decidir quien vive y quien muere, puesto que esto les hace sentirse superiores a los demás, dueños de su destino, les hace sentirse poderosos y así compensan su miseria y su iniquidad. A veces hay una motivación económica detrás, pero no siempre

  • La consecuencia de adentrarse en el mal y del endurecimiento del corazón, a causa del pecado, consiste en el placer de ver sufrir a otro. Tenemos ejemplos no solo en los ángeles de la muerte, sino en los campos de exterminio o en las persecuciones religiosas, en las pasadas y en las presentes.

  • Una característica importante que complementa al «es por tu bien» es la necesidad de aparecer como salvadores de sus propias víctimas. Uno de los rasgos comunes de estos asesinos en serie es que después de inyectar sustancias letales a sus víctimas dan la voz de alarma y hacen lo indecible por salvar a esa misma persona, de tal manera que son aclamados como héroes. Se muestran conmovidos por la muerte de esa persona, falsamente claro, y son increíblemente empáticos con la familia que les agradece infinitamente su labor y les considera los mejores médicos y enfermeros del mundo. Todo esto sirve para compensar una necesidad desesperada de ser apreciados y queridos y de ser el centro de atención.

  • El siguiente denominador común es la reacción del entorno: el silencio y la complicidad. A este tipo de asesinos es muy difícil atraparles, primero porque verdaderamente aparecen como héroes y segundo porque sus compañeros que sospechan y a veces saben lo que está ocurriendo callan: callan porque tienen miedo a perder su puesto de trabajo, callan por miedo por significarse, callan por cobardía y corrección política y eso les convierte en cómplices. En casi todas las historias de ángeles de la muerte han despedido antes a quienes denuncian que al asesino.

Afortunadamente estos ángeles de la muerte acaban en prisión porque les puede la soberbia, empiezan a sentirse invencibles e intocables y comenten errores y ahí acaba su vida criminal. Esto me recuerda a la frase que su director espiritual le dijo a San Juan Pablo II cuando estaba discerniendo si unirse a la resistencia o entraba en el seminario. Esta frase fue guía para él y lo es también para mi vida. «Tú dedícate a hacer el bien que el mal se destruye a sí mismo». Esforcemos, pues, en hacer el bien, movidos y sustentados por la Gracia y unidos a la Vid verdadera.

viernes, diciembre 04, 2020

A la mujer que aborta hay que ofrecerle el Evangelio


Aunque el artículo acumula primaveras, no está de más recordar los comienzos y a quienes estuvieron en ellos. Está recogido en Vida Nueva



    VICENTE LUIS GARCÍA Dar vida y salvar vidas, material y espiritualmente. Así se resume  el leitmotiv de María José Mansilla, madre de dos hijos y promotora de la implantación en España del Proyecto Raquel, que lucha contra el aborto desde una estructura eclesial. 

Durante sus embarazos, profundizó en la «dimensión social y espiritual» del aborto, lo que le llevó a contactar con el Movimiento Pro Vida. De entre los casos que conoció, hubo uno que marcó su futuro: «Era una chica a la que iban a realizar un aborto justificado por la enfermedad que padecía y que los médicos argumentaban que era incompartible con el embarazo».

Esa enfermedad era la PTI (púrpura trombocitopénica idiopática), la misma que padece María José, madre de dos criaturas. Su inmediata reacción fue: «Yo tengo que hablar con esa chica y decirle que la están engañando, que aquí están mis hijos para demostrarlo».

A partir de este momento, y de la mano de Esperanza Puente, de Red Madre, María José se implicó más en Pro Vida y comenzó su labor como ‘rescatadora on line’: «Tomé conciencia de que toda esta labor, sin Dios, se quedaba muy coja. Es muy importante salvar una vida, pero si a la madre, además de ayuda, no se le ofrece y anuncia el Evangelio, nos quedamos muy cortos. Esto es especialmente cierto tras abortar. Si Dios no sana sus heridas y ella no se encuentra con la misericordia y el perdón de Dios, la labor psicológica no es suficiente».

Pro Vida en España era «demasiado aconfesional». A su juicio, «es un error que esta organización se presente como aconfesional cuando la mayoría de sus miembros no lo son. Es mentira que la identidad religiosa produzca rechazo». Ya entonces tuvo contacto con Magaly Llaguno, responsable de la mayor organización católica pro vida, Human Life International, con quien acabó compartiendo esta inquietud, encontrando la respuesta a su demanda a través de la creación en España del Proyecto Raquel, ya presente en varios países de América.

«Ahora –afirma– soy cada vez más consciente  de la necesidad que hay en España de la atención pastoral al postaborto desde la Iglesia y también de los maravillosos frutos de sanación que el Señor nos está regalando. Realmente, estas mujeres vuelven a la vida.»

Identidad diocesana

El Proyecto Raquel está funcionando en las diócesis de Getafe y Alcalá de Henares, y otras ocho (Palencia, Valladolid, Santander, Bilbao, Albacete, Tarragona, Sevilla y Madrid) están en cartera para implantarse a lo largo del próximo curso.

En esta lucha, María José ha vivido experiencias duras, pero también ha sentido la felicidad tras el alumbramiento de un niño, compartida hasta por las personas que inicialmente se oponían a su nacimiento. El mensaje que María José transmite a las mujeres es: «Que no se dejen engañar. Aunque la sociedad lo plantee como una solución fácil, eso no es cierto. No existe el ‘desembarazo’. Si abortas, siempre serás la madre de un niño muerto. Ahora bien, siempre hay esperanza si decides seguir adelante».

Un dato significativo: «Ninguna mujer me ha dicho: ‘No quiero tener al niño’. Siempre dicen: ‘No puedo’. Por otro lado, tampoco he conocido a nadie que se haya arrepentido de dar a luz a una nueva criatura y, sin embargo, a diario recibo a personas destrozadas por no haberlo tenido».

Recientemente, ha participado en el Congreso Respeto a la vida y evangelización, en la diócesis de Phoenix (EE. UU.), en el que han participado 2.000 personas de varias diócesis americanas e hispanoamericanas. Un claro ejemplo de que la lucha por la vida carece de fronteras es que, en su ponencia, María José intervino junto a un representante del Episcopado norteamericano y de Human Life International para promocionar el Proyecto Raquel en Latinoamérica y entre los hispanos de EE. UU.